La emoción que aparece es tranquilidad. La siento como si supiera exactamente dónde colocarse.

En mi cuerpo la noto claramente en la espalda. Esto es curioso, porque es mi punto débil. Es donde se acumula la tensión cuando voy acelerada, cuando estoy estresada, cuando estoy sosteniendo más de lo que debería. En tu presencia, esa zona se afloja. La espalda deja de cargar peso y el cuerpo parece relajarse.

Mi respiración cambia, deja de estar contenida. El cuerpo baja la guardia. No porque no haya motivos para estar alerta, sino porque no los necesita en ese momento. Me siento segura y confiada. Y eso, para mí, es muy importante.

Es una emoción agradable y, además, familiar. No es algo nuevo para mí, me pasa con algunas personas. Personas que, sin hacer nada especial, generan un espacio donde no siento la necesidad de explicarme, defenderme o demostrar nada. Simplemente disfrutar de su compañía.

Acepto esa emoción con facilidad, no me incomoda ni me genera dudas. Al contrario, me resulta natural y necesaria. En esta etapa de mi vida creo que es un lujo y busco esta tranquilidad. Es por eso, creo que por autoprotección, que trato de rodearme de personas con las que me siento así y suelo huir, a veces de forma radical, de quienes me hacen sentir lo contrario.

Esta emoción creo que dice algo de mí. Y también del vínculo que se crea con la otra persona. No porque la otra persona haga algo concreto, sino por lo que yo recojo, por cómo mi cuerpo responde. Necesito espacios donde no tenga que estar en tensión, donde no se active la vigilancia constante, donde no tenga que anticipar posibles decepciones.

Aun así, hay una alerta que aparece. Nos conocemos desde hace poco tiempo. Y eso activa un miedo que vengo arrastrando con los años, y es confiar demasiado pronto. Porque ya me ha pasado antes. Porque otras personas me han fallado, y porque mi mente y mi cuerpo recuerdan esos episodios. Esa alerta no anula la tranquilidad que siento, pero es algo que me viene a la mente y me dice: ve despacio…

No me molesta sentir esto, creo que pueden convivir la calma y la cautela, la confianza incipiente y el recuerdo de experiencias pasadas. Creo que todo eso también es humano y no solo me ocurre a mí. Lo que sí tengo claro es que me gusta sentirme así.

Ahora que estoy escribiendo esto y pensando en esta emoción me surge una pregunta:

¿La tranquilidad que siento contigo es algo que estoy buscando? No solo en las personas, sino en esta etapa de mi vida. ¿Es esta emoción una señal de hacia dónde quiero moverme, de qué tipo de vínculos quiero cuidar, de qué ritmos necesito respetar?

Quizás cuando leas esto tú te hagas también preguntas: ¿Es esto lo que quieres transmitir hacia mí y los demás? ¿Esta emoción se repite con otras personas?

Esta es mi emoción observada con honestidad. Y la sensación de que, a veces, lo más importante no es lo que hacemos ni lo que decimos, sino lo que despertamos sin darnos cuenta cuando estamos presentes.

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